Antonio Olaguer- Feliú y Heredia

Citation
, XML
Authors

Abstract

Antonio Olaguer Feliú nació en Villafranca del Bierzo en 1742 y murió en Madrid en 1813. Fue militar y administrador civil español. Ocupó los cargos de Gobernador de Montevideo entre 1790 y 1797, Virrey interino del Río de la Plata entre 1797 y 1799 y Secretario de Estado y del Despacho de Guerra entre 1807 y 1808. Alcanzó el grado de Teniente General y fue miembro de la Orden de Carlos III.

Primeros años

Antonio Olaguer- Feliú Heredia nació en Villafranca del Bierzo el 14 de octubre de 1742 y murió en Madrid el 19 de mayo de 1813. 
Su nacimiento en Villafranca fue accidental, ya que su familia era de origen aragonés y catalán, y su padre estaba destacado en aquel momento en Granada como Capitán de Infantería.  
Era hijo de Tomás Olaguer- Feliú, nacido en Ceuta el 4 de octubre de 1707, y de María Josefa Heredia Domec, nacida en Jaca el 14 de agosto de 1716. Del matrimonio de sus padres nacieron cuatro hijos: María, Antonio, Tomás y José. Pertenecía a una familia de la Corona de Aragón de larga tradición militar (en el expediente para ser aceptado como miembro de la Orden de Carlos III figura que su bisabuelo paterno, Francisco Feliú, estaba exento de cargas concejiles en Tamarite de la Sierra por su condición militar).
Olaguer- Feliú ingresó en el ejercito como Cadete el 1 de noviembre de 1755 y ascendió a Subteniente el 10 de septiembre de 1760.

Islas Antillas

Inició su experiencia militar con ocasión de los preparativos de la entrada de España en la Guerra de los Siete Años en 1761 en Santo Domingo como miembro del 2º Batallón del Regimiento de Granada.
El 4 de enero de 1762 Inglaterra declaró la guerra a España en respuesta a su alianza con Francia signada con el Tercer Pacto de Familia. En este entorno bélico Inglaterra atacó La Habana, plaza considerada casi inexpugnable por las Cortes tanto de Londres como de Madrid, pero finalmente cayó frente a la flota del almirante inglés Pocock.
El fin de la Guerra de los Siete Años supuso la devolución de La Habana a España, devolución que recepcionó el Conde de Ricla, Ambrosio de Funes, nombrado Capitán General de Cuba. El Cabo Segundo e Inspector General de las Tropas del Conde de Ricla era Alejandro O´Reilly, militar español de origen irlandés y que ya había revolucionado con nuevas ideas la operativa de la infantería española. Olaguer- Feliú estaba entre las oficiales asignados a O´Reilly.
Se inició en Cuba, o al menos desde entonces que hay constancia, una relación entre O´Reilly y Olaguer- Feliú que duraría toda la vida, o incluso más allá, ya que la Condesa viuda de O´Reilly (Carlos III nombraría más adelante a O´Reilly conde) fue madrina de uno de los hijos de Olaguer- Feliú.
La entrada de las tropas españolas en 1763 en La Habana con ocasión de la devolución fue un auténtico estallido de júbilo para los habitantes de la ciudad, pese a que el tiempo en que la ciudad estuvo bajo dominio inglés floreció el comercio. Hubo Te Deum, misas y celebraciones por parte de las autoridades locales para celebrar su reincorporación a la corono hispánica. Desde su llegada O´Reilly y sus oficiales iniciaron una labor incesante en la isla con el fin de reforzar todo aquello que se había demostrado vulnerable. Su labor no estuvo exenta de contratiempos, enfermedades y accidentes (O´Reilly cayó enfermo del vómito negro y no pudo andar en una temporada como consecuencia de una caída de un caballo).  Recorrieron la isla de Cuba (más bien la zona de occidente de la misma), inspeccionando las tropas y mandando reforzar las defensas militares. No se limitaron a aspectos militares, sino que incidieron también en temas civiles, pues dividieron los pueblos en barrios y éstos en calles, numerando sus casas, y asignando las tropas con las que debían contribuir al ejército.  Dictaron un reglamento militar que comenzaron a aplicar incluso antes de llegar a recibir la aprobación de la metrópoli. Vemos el comportamiento típico de los hombres ilustrados de la época en tales actuaciones.
La idea era la de reforzar de tal manera La Habana y Matanzas que fueran plazas realmente inexpugnables. Los avances militares no sólo se limitaron a Occidente, sino que también fueron aplicados en Oriente, en Santiago de Cuba.
Entre las obras militares caben destacar el reforzamiento del Castillo de San Carlos en La Cabaña, la reedificación de El Morro (fortaleza duramente castigada en la pugna con los ingleses), la construcción de la Fortaleza del Príncipe y del Castillo de Atarés (nombre en honor del Conde de Atarés, padre del Conde consorte de Ricla). 
Olaguer- Feliú, además de estar en el séquito de O´Reilly, estuvo a cargo de la instrucción y el arreglo interior del 1º Regimiento de Infantería Ligera de Cataluña, regimiento que fue creado en 1762, que estaba destacado en la isla. 
Vistos los buenos resultados de Cuba, O´Reilly pasó a la isla de Puerto Rico en 1765 y con él Olaguer- Feliú, con el mismo cometido que había desempeñado en su anterior destino. Aquí la actuación del irlandés fue aún más brillante que en Cuba, hasta el punto de que O´Reilly es conocido como el padre de la milicia portorriqueña. Las reformas promovidas por el irlandés fueron muy amplias y profundas, pero podemos destacar realizar el primer censo de la isla, modificaciones en la organización militar, solicitudes de libre comercio y recomendaciones en agricultura. También incidió en el reforzamiento de sus instalaciones militares y consecuencia de sus recomendaciones se construyó el Fuerte de San Juan.

Comisionado en la Inspección General de Infantería

En 1766 O´Reilly es nombrado Inspector General de Infantería, un cargo equivalente a una Dirección General de este Arma. O´Reilly ocupó este cargo hasta 1780, si bien hasta 1770 en alternancia de funciones -ocupaba este cargo con otro designado y se alternaban el ejercicio de las funciones- y como cargo único desde entonces.
Olaguer- Feliú estuvo cuatro años comisionado en Secretaría de la Inspección -su expediente no especifica cuáles- 

“para los asuntos de los (…) cuerpos de veteranos de Infantería, Caballería, Dragones y Artillería de ambas Américas” -ambas Américas se refiere a la septentrional y la meridional-.

Desembarco de Argel

En 1775 Carlos III decidió atacar Argel con el fin de obligar a su Regencia a firmar un tratado en condiciones ventajosas para España. La Regencia berberisca azotaba con sus actos de piratería el comercio naval español en el Mediterráneo y las playas del levante peninsular. Se quería además aprovechar la situación de ventaja en esos momentos tras las recientes  victorias sobre Marruecos. 
El Secretario de Estado, Grimaldi, fue el gran instigador de esta acción militar. Para ésta se barajaron dos nombres: Pedro Cevallos Calderón, a la sazón Capitán General de Madrid -que más adelante fue el primer Virrey del Río de la Plata-, y Alejandro O´Reilly. Finalmente se decidió otorgar a éste el mando, porque exigía menos recursos.
O´Reilly consideró el secreto de la misión como tema clave en su éxito, pero cuando llegaron a las costas de Argel, el 30 de junio de 1775, estaba claro que el Bey, esto es, el Regente, había sido avisado de ello y había organizado la defensa. Los textos históricos atribuyen a los judíos del puerto de Marsella esta filtración. 
Tras muchas vacilaciones, derivadas de la pérdida de la posición de ventaja que les daba la sorpresa, se optó por hacer el desembarco el 8 de julio en la playa de Argel. El desembarco fue un fracaso, ya que la artillería quedó inutilizada en las dunas y la infantería sufrió duras embestidas de la caballería berberisca. De los 18.500 efectivos con los que contaba la misión, se perdieron 5.000 y las bajas no fueron más por la valiente actuación de los jabeques al magistral mando del marino español Antonio Barceló.
El Desembarco de Argel no quedó sólo en un fracaso militar de una acción que se suponía una segura victoria aplastante y la desacreditación de un militar tan brillante como O´Reilly, sino que también terminó por suponer la caída del Secretario de Estado que la había instado, Grimaldi, en noviembre de 1776. 

Sitio de Colonia

Tras el fracaso de Argel, las vidas militares de O´Reilly y Olaguer- Feliú se separaron.
Carlos III decidió en 1776 actuar contra los portugueses en la orilla norte del Río de la Plata, especialmente en la Colonia de Sacramento, enclave que había servido como base del contrabando realizado en detrimento del comercio de las plazas españolas de la zona.
En esta ocasión el designado para acometer la misión fue, esta vez sí, Pedro Cevallos Cortés, que ya tenía experiencia en ese área tras haber sido Gobernador de Buenos Aires y haber conquistado Colonia con anterioridad.
La misión partió de la Península el 13 de noviembre de 1776 al mando, como ya habíamos comentado, del Teniente General Cevallos. La flota estaba formada por 6 navíos, 9 fragatas, 2 bombardas, 2 paquebotes, 1 bergantín y 96 barcos mercantes. Las tropas eran 4 brigadas de tres batallones cada una, 4 escuadrones de caballería, 1 cuerpo de artillería, así como ingenieros y Estado Mayor. Antonio Olaguer- Feliú, a la sazón Teniente Coronel, estaba a cargo del Batallón nº 2 de Saboya, integrado en la Brigada 1ª a cuyo frente estaba el Brigadier Marqués de Cagigal. 
Las tropas de Cevallos alcanzaron la isla de Santa Catalina el 22 de febrero de 1777, rindiendo los portugueses la plaza. Tras dejar una guarnición en la misma, continuaron hacia Río Grande, donde no pudieron desembarcar a causa del clima, por lo que continuaron hasta Montevideo, donde arribaron el 20 de abril de 1777 y de ahí se dirigieron por tierra a la Colonia de Sacramento, que rindieron el 4 de junio. De ahí continuaron hacia la Fortaleza de Santa Teresa, pero llegaron órdenes de la metrópoli de cesar la operación a raíz de la firma de un tratado entre España y Portugal. 

Subinspector General de las Tropas del Virreinato de la Plata

Tras el sitio de Colonia, Carlos III decidió crear un nuevo Virreinato, el del Río de la Plata, designando a Pedro Cevallos Virrey. Como consecuencia de las reformas realizadas por Carlos III se optó por crear en todos los virreinatos el cargo de Inspector General de las Tropas, que posteriormente se denominaría Subinspector, para no confundirlo, y remarcar de paso su subordinación, con el Inspector General de las Tropas de Indias, cargo de la metrópoli.
El cargo de Subinspector General de las Tropas del Virreinato de la Plata se creó por la Real Cédula de 21 de febrero de 1783, designando para el cargo al flamante brigadier (había ascendido el 13 de ese mismo mes) Olaguer- Feliú. A diferencia de lo ocurrido en otros Virreinatos, donde el Subinspector era una debilitación del poder del Virrey (recordemos que éstos tenían tanto funciones civiles, como Presidente de la Audiencia, como militares, como Capitán General), Olaguer- Feliú fue nombrado por ser persona de confianza del entonces Virrey, Juan José Vertiz.
Las funciones del Subinspector eran i) cuidar de las tropas veteranas -regladas- y milicias de todo el territorio, quedando fuera de su competencia los cuerpos de Artillería y de Ingenieros por ser tropas de la Casa Real y depender directamente del Virrey, ii) informar sobre el mérito y actividades de los oficiales para su ascenso, iii) revista de las unidades, iv) preparación de planes militares, y v) mantenerse informado del número de unidades y de sus efectivos. 
El Subinspector era también Cabo Subalterno del Virrey, de modo que desempeñaba una importante parte de los atribuciones militares del Virrey. 
Durante su desempeño del cargo de Subinspector General se casó con Ana Azcuénaga Basavilbaso. Ana Azcuénaga era criolla, miembro de las familias más poderosas de Buenos Aires en aquella época. Ana era hija de Vicente de Azcuénga, destacado comerciante, y nieta de Domingo Basavilbaso, también comerciante, quizá el más potentado de Buenos Aires, y fundador del servicio de correos en el  Virreinato. Ana era cuñada de Gaspar de Santa Coloma, destacado comerciante y brillante cronista -aunque sin pretenderlo- de su época, a través de las cartas que escribió y que se han conservado como testimonio de aquellos momentos. Ana era hermana del militar Miguel Azcuénaga, que formó parte de la Junta de Mayo de 1810 que destituyó al entonces Virrey.

Gobernador de Montevideo

Olaguer- Feliú fue nombrado Gobernador de Montevideo el 2 de agosto de 1790, simultaneándolo con el de Subinspector General de Tropas del Virreinato de la Plata, hasta que fue designado Virrey en 1797.
Los libros de historia no hacen una buena crítica de su labor al frente de Montevideo en ese largo periodo, pero puede que en ello influya el hecho de que chocase en numerosas ocasiones con las autoridades locales del concejo por la preeminencia de la autoridad, algo que fue muy común mientras estuvo vivo el Imperio español. 
La opinión de las autoridades metropolitanas no debió ser muy negativa, ya que fue ascendido a Mariscal del Campo en 1792 y posteriormente a Virrey en 1797.
Olaguer- Feliú acometió el reforzamiento de las instalaciones militares y creó el “Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Montevideo”, formado por un regimiento de 8 compañías de 100 plazas cada uno. La función del cuerpo de Blandengues era la de proteger el vecindario de los indios, pero tuvo en la práctica otras más amplia como fueron la represión del contrabando y la defensa de las fronteras frente a los portugueses. 
Se atribuye a Olaguer- Feliú la fundación del puerto de Mercedes.

Virrey del Río de la Plata

El 15 de abril de 1797 murió el Virrey de la Plata Pedro Melo de Portugal al caer de su caballo cuando estaba realizando una visita a Montevideo. Como las comunicaciones con la península eran tan lentas, la legislación de Indias preveía que en todos los Virreinatos hubiera depositado un documento denominado “pliego de providencia” -aunque jocosamente conocido como pliego de mortaja- depositado en la Audiencia en el que las autoridades de la metrópoli designaban interinamente un sucesor del virrey muerto.
El designado por el pliego a la muerte de Melo de Portugal fue Antonio Olaguer- Feliú, que no pudo ser formalmente nombrado Virrey hasta el 2 de mayo de 1797 por hallarse fuera de Buenos Aires. 
Durante su mandato hizo frente a la amenaza anglo- lusa, promovió la conquista patagónica y continuó aplicando medidas destinadas a prevenir la extensión de las ideas de la Revolución Francesa. Autorizó el comercio de Buenos Aires con países neutrales, lo que contribuyó al esplendor del puerto.
El periodo de su viregencia estuvo siempre comprometido por el interinato, agravado además por el hecho de que se conociera la designación de su sucesor en La Plata desde 1798 (la designación fue el 20 de noviembre de 1797), aunque no fue hasta e

l 14 de mayo de 1799 cuando fue sustituido por Gabriel de Avilés, Marqués de Avilés, el antiguo Capitán General de Chile.

Olaguer- Feliú y su familia tardarían en dirigirse a la Península Ibérica, pese a que tenía órdenes de hacerlo, debido a la amenaza que suponía el dominio de Inglaterra sobre los mares. Con ocasión de la Paz de Amiens, se decidió a cruzar el Atlántico con su familia.

Retorno a la 

Península

Tras su cese como Virrey volvió a la península en 1802, residiendo primero en Cádiz y después en el Puerto de Santa María hasta que fue autorizada su desplazamiento a la Corte.

Atravesó un periodo de cesantía -este punto no está claro, ya que algunos autores apuntan su asignación al Ejército de Castilla, La Nueva- hasta el 24 de abril de 1804 fue nombrado Comandante General del Ejército y de la Provincia de Guipúzcoa. La Comandancia General estaba equiparada a una Capitanía General, pero esta denominación se reservaba a las provicias donde existía Audiencia. Aunque Carlos III ordenara que todas tuviesen la denominación de Capitanía General, al tiempo de ser designado Olaguer- Feliú para tal cargo mantenía el nombre, no sabemos si por tradición o por no haber un Capitán General expresamente nombrado.

El 28 de julio de 1807 fue nombrado Inspector General de los Cuerpos de Infantería de Línea, exactamente el mismo puesto que había ocupado anteriormente O´Reilly, pero con competencia únicamente sobre la Infantería de Línea, ya que la Infantería Ligera tenía otro Inspector General.  Esta distinción era congruente con la reforma de la Infantería que se llevó a cabo en 1802, que distinguía entre la Infantería de Línea y la Ligera como dos cuerpos prácticamente independientes.

Secretario de Estado y del Despacho de Guerra

El 25 de noviembre de 1807 fue nombrado Secretario de Estado y del Despacho de Guerra, cubriéndose así un cargo que permaneció interino durante mucho tiempo. En su última interinidad fue ocupado por el Marqués Caballero, José Antonio Caballero. 
Y puede que su designación como Secretario del Despacho de Guerra respondiera a la estrategia del Príncipe de la Paz, Manuel Godoy, de restar poder al Marqués Caballero. Recordemos que en noviembre de 1807 es cuando ocurren los hechos llamados el Proceso de El Escorial, en el que el Rey Carlos IV incauta papeles en las habitaciones de su hijo Fernando, Príncipe de Asturias -título del heredero de la Corona española- en los que se preparaba una rebelión contra su Real Persona. El Marqués Caballero, Secretario del Despacho de Gracia y Justicia, preparó un proceso contra el heredero y sus conjurados, pero vistas las graves consecuencias que para su hijo pudiera tener, la Reina María Luisa decidió eliminar los documentos acusatorios más graves. El príncipe Fernando solicitó y obtuvo el perdón de sus padres y el proceso continuó únicamente contra los conjurados, que fueron finalmente absueltos al no disponerse ya, por haber sido eliminados del proceso, de las pruebas que fundamentaba la acusación. 
El Marqués Caballero había intentado desde siempre ganarse la voluntad de los Reyes apoyando sus opiniones cuando éstas discrepaban de las de Godoy. Godoy consciente del mal que se había hecho a la unidad de la Familia Real con el Proceso del Escorial desaprobó la actuación y buscó vías de limitar el poder del Marqués Caballero, su gran instigador. 
En este sentido se entiende el nombramiento de Olaguer- Feliú, pues fue arrebatada al Marqués Caballero la Secretaría de Guerra, justificándose completamente al dársela a un militar de prestigio como era Olaguer- Feliú.
Si bien fue muy breve el periodo en el que ocupó el cargo de Secretario de Guerra, pues fue cesado a principios de abril de 1808, sufrió durante el mismo una grave enfermedad que le inhabilitó para realizar sus funciones. Así, el Conde de Toreno en su libro sobre la guerra de la independencia española, tras llamarle “ceremonioso y achacoso“, comenta que “gozaba de crédito de hombre de saber y de más aventajado militar. Empezó por nombrársele director general de artillería –era Infantería, pero sigamos con el relato- y elevado a ministro fue acometido de una enfermedad grave que causó vivo y general sentimiento: tanta era la opinión de la que gozaba, la cual hubiera conservado intacta si la suerte de que todos se lamentaban hubiera terminado su carrera”.
Su mandato se caracterizó por la entrada constante de tropas francesas en territorio español, usando como argumento la Guerra con Portugal, que ya había finalizado, entrada de tropas no deseada por las autoridades españolas. Ante tal entrada Godoy aconsejó a Carlos IV que partiera con su familia al sur (Badajoz, Sevilla e incluso Cádiz) y de ahí, incluso, a las Indias Occidentales (parecía que Méjico iba a ser el destino) si era necesario, tal y como había hecho recientemente la Familia Real portuguesa. El Consejo de Ministros no consideró procedente tal proposición del favorito Godoy, la primera vez que lo planteó en febrero de 1808. 
Pero en marzo de 1808, a raíz de la vuelta del agente de Godoy en París, Izquierdo, Godoy ya no dudó de que la amenaza sobre la Real Familia es grave e insistió en partir hacia el sur. En tal sentido se toman las medidas militares necesarias, instruyendo a algunos generales destacados en Portugal que cruzaran la frontera para proteger el paso de la Familia Real camino de Badajoz, y al Capitán General de Madrid, para que enviase tropas de refuerzo. 
El príncipe Fernando, que pese al Proceso de El Escorial, siguió conjurando contra su padre y su favorito, se opuso a la huida, pues suponía que las tropas francesas venían a proclamarle Rey y a destituir a su padre. 
Se celebra un Consejo de Ministros donde todos ellos muestran la oposición al viaje y también plantean al Rey Carlos IV las discrepancias que tienen respecto al Príncipe de la Paz. Godoy comenta es sus memorias que los principales instigadores fueron el Marqués Caballero, todavía Secretario de Estado y Justicia, y el baylío Francisco Gil de Lemus, Secretario de Marina. 
Tras el tumultuoso Consejo de Ministros celebrado en Aranjuez, esta población se llenó de gente, atraída por la camarilla del Príncipe de Asturias, que se oponían al viaje de la Familia Real.
A la vista de ello el Rey decidió no viajar y permanecer en Aranjuez, pero las masas habían tomado las calles y parecían desear más. La llegada de las tropas enviadas por el Capitán General de Madrid las enfervorizó más todavía.
La noche del 17 de marzo, las gentes traídas por los conjurados de la camarilla del Príncipe de Asturias tomaron al asalto el palacio del Príncipe de la Paz, escondiéndose éste, no encontrándole por lo tanto los conjurados. 

Carlos IV asustado por los acontecimientos decide cesar a Godoy en sus empleos militares por medio de un Decreto dirigido precisamente  a Olaguer Feliú.

A los dos días apareció Godoy, que fue trasladado, en una penosa conducción donde fue herido y maltratado, al cuartel de los Guardias de Corps. 

 Carlos IV pidió por la vida de Godoy a su heredero, el Príncipe de Asturias, el dueño de la situación, y vistos los tumultos optó finalmente por abdicar en su hijo, que a partir de ese momento sería Fernando VII, culminando así el 19 de marzo de 1808 lo que se ha dado en llamar el Motín de Aranjuez.

Tras la caída de Carlos IV, Fernando VII ratificó en un primer momento a todos los ministros de su padre, pero posteriormente comenzó a sustituir a algunos de ellos. De los cinco ministros cayeron a principios de abril de 1808 el Marqués Caballero, Secretario de Gracia y Justicia, Soler, Secretario de Hacienda, y Olaguer- Feliú. Permanecieron en sus cargos Pedro Cevallos Guerra, amigo, confidente y pariente de Godoy, Secretario de Estado, y Francisco Gil de Lemus, Secretario de Marina.

El Motín de Aranjuez no ha  sido suficientemente bien estudiado ya que fue seguido de hechos tan transcendentes como el 2 de mayo, las abdicaciones de Bayona, que supusieron un cambio dinástico y la Guerra de la Independencia. De los Secretarios de Estado sí parecían estar en inteligencia con la camarilla el Marqués Caballero y Pedro Cevallos Guerra. Visto el trato que se dispensó a Soler -fue posteriormente asesinado- Godoy le considera fiel. Y aunque Godoy sí les considera formando parte de la conjura, no parece que ni Gil de Lemus ni Olaguer- Feliú fueran parte de la misma (la frase que Godoy dedica a Olaguer es “más tibio, aunque también afecto a la facción y en defección de Carlos IV, no menos que conmigo, don Antonio Olaguer- Feliú recibió su retiro con un cumplido testimonio que el nuevo rey le despachó de hallarse complacido con sus actos”.

Antonio Olaguer- Feliú fue sustituido por Gonzalo O´Farril, que tras las abdicaciones de Bayona, formó parte del gabinete de José I de Bonaparte.
Los testimonios de la vida de Olaguer- Feliú tras su caída son escasos, apuntando a que vivió enfermo y en condiciones bastante precarias hasta su muerte en 1813.

 

Relaciones familiares

Antonio Olaguer- Feliú procedía de una familia de larga tradición militar que continuaron sus descendientes. De hecho, uno de ellos, José Olaguer- Feliú Ramírez fue Ministro de la Guerra con el Rey Alfonso XIII.

Uno de los hechos recogidos por las crónicas fue su matrimonio con Ana de Azcuénaga Basabilvaso. Ana era hija de Vicente Azcuénaga y nieta de Domingo Basabilvaso, prósperos comerciantes de Buenos Aires, que ocuparon diversos cargos en la ciudad, tales como alcalde del cabildo, síndico y regidor. Ana era también hermana de Miguel Azcuénaga, que fue miembro de la Junta de Mayo de 1810 que destituyó al Virrey  y que en Argentina es considerado como el momento del inicio de su independencia.

Pese a que Antonio Olaguer- Feliú y su cuñado Miguel Azcuénaga estuvieran en bandos distintos a causa de la independencia de los territorios americanos, ello no fue impedimento para que dos de sus respectivos hijos contrajeran matrimonio. Uno de los descendientes de esta unión, Carlos Villate Olaguer- Feliú, donó la “Quinta de los Olivos” a la República Argentina, siendo ahora la residencia presidencial.